Avui, a les 16:40, he acabat el meu primer papercraft, és a dir, una maqueta feta de paper.

Es tracta d'un dels guerrers de Castle Crashers:







Et sona oi?, però... de què?

Els de Nintendo saben com atacar a on més fa mal, als rumors. I és aquí on m'he quedat glaçat quan he vist això a la pàgina oficial de Metroid:



Si, molt bé, els últims jocs de Metroid (sense comptar el Hunters). Però aixó no és el que interessa, interessa el que hi ha una mica més avall "La història de l'altre bàndol, pròximament", i a sota, en japonés "Segueix la història de Metroid desde la perspectiva dels pirates espacials".
Sigui el que sigui, no sembla que Samus sigui la protagonista, i és que, amb la culminació de Metroid Prime (gran culminació) van fer molt bona feina i amb la gran presentació a l'E3 del nou Metroid Other M en que, segons diuen, s'explicarà més sobre el passat de Samus i, costa dir-ho però, Samus parlarà i Metroid Prime Trilogy tenen feina de sobres.

Capítulo anterior, Prólogo: La historia de Samus Aran

Capítulo 1: Fragata Orpheon

La duda me comía por dentro, ¿qué era esa extraña sensación que tenía? No podría describirla con palabras pero era familiar, sin duda, esa sensación era poderosamente familiar.
Mientras mi cabeza no paraba de dar vueltas al asunto sobre lo mismo, llegué al foco de la señal SOS: una enorme nave espacial. De la nave se podían observar que tenía varios turboreactores aún en funcionamiento, pero no parecía tener arsenal militar, así que eliminé de mi cabeza la possibilidad de ser una nave de ataque i la idea de ser una nave científica cobró fuerza.
Hice aterrizar mi nave en el hangar principal i bajé cuidadosamente preparada con mi traje Chozo enfundado, aunque fuera una nave científica en apariencia, no sabía lo que podría encontrarme, una señal SOS siempre es peligrosa.
Observé que aun lado del hangar había un campo de entrenamiento, -Que raro- pensé, -a lo mejor es una nave científica militar, he hecho bien de ir armada-.
Nada más bajar de mi nave me encontré con diversas barreras que solo podían ser abiertas disparando en los diversos puntos de control que tenían. Hice lo propio con las diversas barreras hasta llegar a la puerta principal.
Abrí la puerta y avance por el largo y estrecho pasillo que daba a parar a una sala amplia y grande. La sala tenía varias luces fundidas, algunas que chispeaban y otras que estaban totalmente destrozadas, los equipos electrónicos estaban hechos trizas y no podía recuperar nada de ellos, sin duda, aquí había pasado algo.
Paseando por la sala, siempre alerta, me encontré con un grupo de ordenadores que todavía estaban en funcionamiento.
Accedí a ellos sin dudarlo para saber que había pasado en aquella estación, y me encontré con unas notas que, pude suponer, dejó alguien allí antes de morir:
“Se nos está descontrolando, todas las pruebas han dado positivas excepto una, la más importante. El sujeto ha perdido toda capacidad de razonamiento y nos está empezando a atacar, hemor perdido todo control sobre ella, esto es el final de la colonia. Si alguien de los nuestros lee esto, por favor, no eliminen a la criatura, intenten estabilizarla, es vital para el proyecto SA”.
-Vaya-, pensé,-parece que por aquí ha habido un bicho que se ha revelado a sus creadores, pero ¿qué será el proyecto SA? Seguiré investigando-.
Pero fue entonces cuando, al girar la cabeza, quede horrorizada. Estaba en el suelo, magullado, destrozado, apalizado y con claros signos de mordeduras y arañazos: allí, en el suelo, había un Pirata Espacial muerto.
Immediatamente enfundé mi arma, preparé el escaner y analicé al fallecido pirata. El escaner me diío la razón sobre la causa de la muerte: “Politraumatismo varios, tiene las dos piernas rotas y el cráneo roto en varios trozos. Muerte por derrame cerebral.”
-Así que no lleva arma, debería ser un científico-, pensé.
Entonces decidí seguir adelante, nada relacionado con los piratas puede ser bueno, así que era mejor investigar.
Varios pasillos y varias salas después, todas con parajes tan desoladores como la primera, pude encontrar otro ordenador encendido e intenté acceder a él:
“Esto no va bien, el sujeto está creciendo a una velocidad anormal, comparándolo con los demás, éste está creciendo a un ritmo cuatro o cinco veces más rápido que los demás, debemos...”
El ordenador estalló, pero no fue lo único, una luz fluorescente del techo también estalló. No fueron estallidos esporádicos, pude observar que quedaban supervivientes. Al girarme pude observar a un pirata que me intentaba dar con su arma, pero con poca fortuna, estaba sentado en el suelo, no parecía que pudiera moverse. Ante la immóbil criatura y mientras esquivaba, por así decirlo, sus inútiles disparos, lo analicé con mi escaner:
“Pirata espacial. Tiene la parte inferior de su cuerpo paralizada por culpa de una fractura en la columna vertebral. Visibilidad y audición en decadencia. No obstante se recomienda precaución máxima”.
-Vaya, está paralítico- pensé para mi misma. No tuve más remedio que eliminarlo.
En esa misma sala pude encontrarme a 3 fallecidos piratas más, eso fue, sin duda, una carnicería. No obstante, aún quedaban varios supervivientes, la mayoría al borde de la muerte, algunos ya agonizando pero, sin duda, el que más impacto me produjo fue uno que huía de todo lo que le rodeaba, debió ser un chock tan grande que le produjo una severa locura.
La siguiente sala era redonda, circular y pequeña, tan pequeña que todo lo que había en ella podía abarcarlo con mis ojos. En la sala sólo había dos puertas, la de entrada, que todavía no había cruzado del todo y la que imaginé que sería la de salida, que se encontraba a escasos metros de mi.
El escaner no mostraba signos de peligro imminente, así que decidí cruzarla como ya había hecho con otras muchas puertas de esa estación. Mi sorpresa fue mayúscula cuando, al acabar de cruzar al puerta, ésta quedó bloqueada por un cierre de seguridad y, del techo, aparecieron dos torretas de seguridad robotizadas a las que no me quedó más remedio que combatir.
Fijé mi blanco sobre la torreta que se encontraba a la derecha, preparé el rayo y disparé. Pero de nada sirvió, la torreta ni se immutó a mi intento de destruirla y continuaba disparándome. Algunos de sus disparos eran tan certeros que conseguían darme, por suerte, mi armadura me protegía de una casi segura. Fue entonces cuando prové fortuna con el rayo cargado: me preparé, apunté y disparé con la misma certeza que el anterior disparo, pero causó el mismo impacto, nada. La criatura robótica ni se immutó a mis inútiles intentos de destrucción. Mientras éstas seguían disparándome y yo las intentaba esquivar con todas mis fuerzas, apareció en mi cabeza la idea de utilizar el escaner para averiguar si tenían algún punto débil. El escaneo resultó fructífero:
“Torreta de autodefensa. Formada íntegramente de radion. Atacará a todo sujeto que encuentre en su radio de acción a menos que se accione el control remoto de parada de emergencia.”
-Genial-, pensé, -El control remoto debe estar perdido, o peor aún, destruído-.
Fue entonces cuando un poderoso recuerdo acechó mi mente. Me encontraba en una colonia Chozo, aún era pequeña, debería tener 10 o 11 años, estaba entrenando con el Abuelo Pájaro. Llevaba uno de mis primeros trajes espaciales con algunas de las armas que actualmente aún poseo:
-Samus-, me dijo el Abuelo Pájaro-, este Lanzamisiles que hemos incorporado a tu brazo derecho es una arma muy poderosa, ten cuidado cuando la uses. Recuerda que puede servirte para despejarte el camino, sobretodo si está hecho de alcrebite o radion.
-Radion-, pensé, volviéndo a mi misma, -Puedo utilizar el misil para destruirlo, es mi única posibilidad-.
Dicho y hecho, cargué el misil, apunté y disparé con toda la puntería que podía tener hacía la torreta. Satisfacción fue lo que me recorrió el cuerpo cuando pude observar que la torreta quedó hecho añicos cuando mi misil impactó contra ella. Hice lo propio con la otra torreta, de momento estaba a salvo.
No obstante no tuve suficiente con destruir las dos torretas para poder acceder a la siguiente sala, en el centro de esta, una holograma esférico emergía del suelo, indicando que necesitaba una llave redonda para poder acceder a la siguiente sala.
La puerta anterior aún estaba bloqueada, no podía ir atrás a buscar la llave, ni tampoco ir avanzar, estaba atrapada. Lo único que tenía era a mi misma y mi traje, pero, ¿que podía utilizar como llave? -Algo redondo, algo redondo-, esta idea me daba vueltas a la cabeza ,-no tengo nada redondo-.
No se cuánto tiempo estuve en esa sala, dos o tres horas, me estaba empezando a poner nerviosa, lo prové todo, incluso prové derribar la puerta a base de disparos y misiles, pero nada sirvió.
Agotada y ya un poquito nerviosa, me senté a pensar, debía mantener la cabeza fría. Algún objeto esférico, era lo único que necesitaba.
Entonces, una chispa cruzó mis neuronas, debía utilizar mi traje, siempre me había servido para todo, y esta vez no podía ser menos. Repasé toda la documentación de mi base de datos y encontré lo que buscaba: la Morfosfera.
La Morfosfera era una habilidad única de mi traje que me permetía convertirme en una bola pequeña, de unos veinte o treinta centímetros de diámetro, capaz de pasar por cualquier rincón y, porque no, utilizarse como llave en este caso.
Dicho y hecho, me convertí en Morfosfera, avancé hacía el centro de la sala, y el cerrojo se activó, había conseguido, de momento, acceder a la siguiente sala.
El pasillo que contínuaba mi recorrido estaba obstruído por algunos obstáculos que se habian desprendido del techo, no tuve más remedio que cargar mi rayo y despejar mi camino a la fuerza. En ese momento observé que algunos pequeños ratones escapaban del estruendo que había causado mi acción y se metieron por un pequeño agujero que se encontraba a la parte derecha del pasillo. Me colé por él utilizando la Morfosfera y me encontré con la sala de mapas. No dudé un segundo en descargármelo, seguro que me serviría de ayuda.
La siguiente sala era otra vez pequeña y redonda, pero esta vez entré con mas cuidado que la anterior, no quería ponerme otra vez en aprietos. Pero esta vez nada pasó, en su lugar, esta sala tenía dos puertas de salida.
Para no perderme, consulté el mapa recién obtenido y pude observar que la puerta de la izquierda llevaba a un nuevo pasillo y seguía adelante. Por el contrario, la puerta derecha sólo daba a una pequeña sala que decidí visitar.
Entré en la diminuta sala y un sobreacogedor sentimiento invadió mi cuerpoi, se trataba de una sala de recuperación. La reconocí gracias a que intentaban emular las legendarias aulas de recuperación Chozo y a que me harté de verlas en el planeta Zebes.
Sin dudarlo ni un instante, recuperé mi salud y recargué mi arsenal de misiles, no podía descuidarme, sabía que lo que fuera que causó todo eso no debía andar muy lejos y que yo sería la encargada de “tranquilizarlo” para siempre.
Salí de la sala de recuperación dirección a la otra puerta, acto seguido consulté de nuevo el mapa: la sala contígua a la puerta era el núcleo principal de la estación.
Me dirigí hacía él y un estruendo inundó la sala, se bloqueó la salida y del agujero central del núcleo emergió una enorme garrapata gigante.
-Si que han avanzado en la investigación, yo recordaba las garrapatas un poco más pequeñas- ironicé para mi misma.
La garrapata debía hacer unos 20 metros de alto pero al fin y al cabo era un bicho, y había que eliminarlo. Preparé mi cañón, pero en el tiempo que levantaba el brazo para dar el primer golpe el bicho gigante me lanzó un rayo de color verde que no me dió muy buena espina, así que decidí no repelerlo y esquivarlo. E hice bien, ya que aquel rayo era puro ácido que consiguió deshacer las escaleras que daban al piso superior.
Como todo monstruo que se precie, no debía menospreciarlo por mucho insecto que fuera, así que cogí mi escaner y le di un repaso para averiguar sus puntos débiles:
“Parásito Reina: Parásito hembra, mejorado genéticamente por motivos desconocidos.
Se ha detectado un punto débil en la cavidad bucal de la criatura. Los escáners detectan la presencia de un potente mutágeno de origen desconocido.
La criatura puede disparar rayos de energía por sus fauces, una característica que no está presente en el genoma estándar de los parásitos. Esto demuestra que los Piratas han comenzado su programa de bioingeniería con resultados más que satisfactorios.”
-Genial, el escáner alaba los piratas, lo que faltaba-, dije para mi misma, no obstante, debía eliminarlo por muy satisfactorios que hubieran sido los experimentos.
Debía dispararle a la boca, así que preparé el misil, apunté y disparé con todo el ímpetu que la situación requería. Observaba como el misil se acercaba más y más al objetivo bucal de la criatura, sólo faltaban unos cuantos metros para que el lanzamiento fuera un éxito, interiormente ya cantaba victoria.
El misil hizo impacto y una sonrisa se clavó en mi cara, una sonrisa que luego se convertiría en frustación cuando, una vez se esparció el humo, pude observar que el misil si que hizo impacto, pero no donde yo quería. Justo alrededor del parásito se había levantado una gran barrera protectora que lo protegía de cualquier ataque.
Acto seguido prové con una ráfaga de disparos con los que obtuve el mismo resultado, no hubo manera de sobrepasar aquel muro defensivo.
A través de los escombros que causó la destrucción de las escaleras pude acceder al segundo piso. No se trataba de técnicamente de un piso superior, sino que era una pasarela que se extendía por todo el perímetro de la sala, todo a un nivel más alto del suelo.
Desde ahí tenía mejor posición para descargar metralla contra la garrapata, preparé un nuevo misil y, justo antes de apretar el gatillo, vi el punto débil. Observé que la barrera protectora tenía algunos lugares que no estaban protegidos y que, por lo tanto, hacían vulnerable a la criatura. Ahora sólo faltaba disparar a través de aquellos agujeros y que, además, éstos hicieran blanco en la boca del bicho, fácil.
Coloqué el brazo derecho en posición horizontal y esperé el momento. Sólo hacía falta esperar unos instantes a que el agujero de la barrera estuviera alineado entre mi y la boca del bicho. Sólo faltaban unos segundos: cuatro, tres, dos, uno... pero justo en ese instante, la garrapata arremetió otra vez contra mi, no tuve más remedio que saltar a un lado para evitar acabar hecha puré humano.
Levanté la cabeza y contemplé que ese era el momento, el escudo protector había dejado su parte vulnerable justo delante de la cabeza del monstruo, así que preparé mi disparo y recé con todas mis fuerzas que el bicho abriera sus fauces. Tuve suerte y así fue, no dudé ni un instante y disparé el misil con toda mi fe puesta en él. Este siguió perfectamente la línea que mentalmente había trazado y acabó colisionando satsifactóriamente en el objetivo.
Un único disparo no fue suficiente, ya que la garrapata se retorció de dolor pero seguía allí, así que, sin esperar a que el escudo se moviera, disparé innumerables ráfagas de mi rayo que acababan en la cabidad bucal del monstruo. Ése fue su final, la garrapata produjo un agudo chillido y, acto después, cayó al vacío por el túnel del núcleo, la victoria era mía.

Próximamente: Capítulo 2: Principio y final

-¡Morirás Ridley!
-¡¡Wraaagh!!
Fue en ese momento cuando por fin vi el momento oportuno de poder acabar con el tormento de mi infancia, me preparé los misiles, pero no tenía munición. Sabía que era ahora o nunca pero en ese preciso instante, cuando me falló el arma en el momento que más la necesitaba, Ridley abrió su boca, preparándose para lanzarme otro chorro de fuego del que no podía hacer otra cosa que recibirlo.
Las piernas no me respondían al salto mientras, horrorizada, observaba como el malévolo monstruo reunía las pocas fuerzas que le quedaban para lanzarme un ataque final.
Era el todo por el todo, no sabría decir cuánto rato llevábamos combatiendo pero si podía contar los tanques de energía perdidos y los misiles malgastados por decenas. Ni Kraid costó tanto, y eso que era cuatro veces más grande.
Cuando volví a mi misma, el rayo de Ridley inundó la sala de un rojo tan vivo que me hasta me quemaba los ojos, no podía esquivarlo, no podía bloquearlo, sólo podía recibirlo. Sabía que ese era mi final, sólo me arrepentía de no haber podido vengar a mi madre, perdóname mamá...
-¡Biiip, biiip, biiip!
Abrí los ojos y observé el entorno aún con la cara descompuesta y chorreando de sudor. Estaba en mi nave, mi querida nave, enmedio de la nada. Por suerte todo fue una pesadilla... pero una pesadilla de lo más real, nunca antes un combate me había dado tantos dolores de cabeza. Pero por suerte Ridley estaba muerto, y mi venganza consumada... a todo esto, ¿Que quién soy yo? Soy Samus Aran, y ésta es mi historia.
Lo más lejano que recuerdo se sitúa en un lejano planeta llamado K-2L, dónde la Federación Galáctica, el gobierno universal formado con el fin de representar y proteger a todos los planetas y galaxias, tenía una colonia extractora de Afloraltita, un mineral altamente explosivo que era el único material conocido hasta la fecha que podía mover las enormes naves de la Federación, y mi padre, Rod Aran, era el encargado de los intercambios de los cargamentos.
Yo, por aquél entonces, tenía 3 años así que mis recuerdos son vagos y con lagunas, pero me acuerdo prefectamente de que un día como otro cualquiera nos visitaron unos seres encapuchados al planeta haciéndose llamar los Chozo. Conocí a uno de los líderes de la manada, al que yo llamaba “Abuelo pájaro” que se quedó conmigo y al que cogí mucho cariño.
Pero no todo dura para siempre, y el Abuelo Pájaro y su población tuvieron que irse de nuevo a su hogar, yo creía que no lo volvería a ver.
Poco tiempo después otra flota visitaba nuestro planeta, pero por desgracia, no era una flota de Chozo ni de ninguna civilización pacífica, sinó que eran Piratas Espaciales que venían a por la Afloraltita del planeta, ya que les proporcionaba enorme energía.
Su líder, Ridley, ordenó robar toda la Afloraltita del planeta, pero antes, matar a toda la colonia. Mi padre se pudo esconder en la nave Pirata, pero poco podía hacer, era el sólo contra toda la flota de Piratas.
Por mi parte, me dirigí hacía las explosiones y pude verlo, por primera vez en mi vida, un enorme monstruo con alas que parecía un dinosaurio. Un pirata lo llamó señor Ridley, así que, como al Abuelo Pájaro, intenté hablar con él para hacerme su amiga, pero no salió como yo esperaba... Ridley, en cuánto se giró, abrió su boca para lanzarme un rayo de energía.
Lógicamente asustada, no podía moverme, me quedé paralizada del miedo y sólamente podía observar como Ridley me atacaba.
En un último suspiro, mi madre Virgínia, se interpuso en el ataque y me salvó a costa de su vida, sus últimas palabras fueron:
Samus... huye y sobrevive...
Pero no podía, el terror me paralizó las piernas y sabía que la siguiente era yo...
Ridley se preparó para otro ataque, pero en ese preciso instante la nave pirata explotó y Ridley se olvidó de mi para ir hacía la nave i huir del planeta, poco tenían que hacer ya en la colonia si habían perdido todo el cargamento, seguramente mi padre lo hizo explotar a costa de su vida.
Me quedé en el mismo sitio sin moverme, paralizada, horrorizada, me empezaron a saltar las lágrimas mientras observaba a Ridley surcar los cielos, alejándose de mi. En ese momento juré venganza...
Estaba sola en el planeta, lo único que observaba eran destrozos y cadáveres, todavía tengo pesadillas con esas imágenes.
Pocos días después, desnutrida y cansada, observé como una flota familiar volvía al planeta, eran los Chozo que volvieron al planeta. Pero nada era lo que era, todo esta destruïdo y desolado.
Corrí rápidamente hacía su nave nodriza y, cuando observé a lo lejos que daban media vuelta para volver a su hogar, grité con todas mis fuerzas:
-¡¡Abuelo Pájaro!! ¡¡Abuelo Pájaro!!
No me oían, seguían subiendo las escaleras de su nave para irse, no podían dejarme sola allí...
-¡¡Abuelo Pájaro!!- repetí gritando, me empezaban a salir las lágrimas -¡¡Abuelo Pájaro!!
En ese instante parece que me oyeron, el último de los integrantes de la flota se paró en medio de las escaleras de la nave, se giró y me vió, era el Abuelo Pájaro.
Cuánto más me acercaba, más amplia era la sonrisa que tenía en la cara, estaba salvada, de momento...
Los Chozo me criaron y me educaron como la única superviviente de la colonia K-2L. Me entrenaron para ser cazarecompensas, me diseñaron una armadura que sólo yo podía enfundar, con una arma en el brazo derecho y la capacidad de convertirme en una bola pequeña capaz de pasar por los rincones más insospechados.
Mis trabajos como cazarecompensas llamaron la atención de la Federación Galáctica, poco sospechaban que era la niña que sobrevivió al incidente del K-2L, y me contrataron para ir al planeta Zebes en busca de Piratas Espaciales que habían atacado las instalaciones dónde la Federación investigaba con Metroids, unos extraños seres capaces de multiplicarse y arraparse a los enemigos para así chuparles toda la energía.
Me indicaron que los Piratas habían atacado el planeta Zebes, antigua colonia Chozo, que fue atacada y arrasada por los Piratas utilizando los poderosos Metroids, los Piratas me habían quitado otra vez mi familia, así que decidí aceptar la misión sin pensarmelo con una sola condición, quería ir sola.
Zebes, un planeta subterráneo plagado de túneles naturales en los que los Piratas colocaron inumerables trampas y soldados rasos, nada podía detenerme, mi rabia podía con todo y mi traje me ayudaba en lo demás. Adentrándome en el planeta me encontra con uno de sus líderes Kraid, un enorme monstruo que sucumbió a mis certeros misiles.
Después me encontré con mi verdugo, Ridley, con el que disputé una fiera batalla, que se decantó por mi lado, mi venganza de había consumado, pero quedaba otra cosa más, saber quien estaba detrás de los Piratas.
Así que me adentré aún más a las profundidades de Zebes y me topé con el líder, un cerebro gigante llamado “Cerebro Madre” que disponía con un auténtico arsenal y contaba con inumerables soldados dispuestos a morir por su líder. De nada sirvió, derroté al Cerebro Madre y escapé del planeta Zebes con otra misión cumplida en mi historial, además de haber limpiado una mancha en mi propia conciencia, Ridley estaba muerto.
Ya de vuelta de mi conciencia, curiosidad fue lo que tuve con lo que me despertó del sueño, una luz roja intensa emitía una alarma SOS anónima procedente de una astronave desconocida situada en la órbita del planeta Tallon IV. Después de unos pequeños instantes de duda acerca si debería aproximarme a la señal que hicieron que me avergonzara de mi misma al momento, introduje las coordenadas de la señal en mi nave la “Cazadora” y puse rumbo directo al foco de la señal.
Lo que no podía imaginarme es lo que esperaría encontrar en esa nave, no tenía ganas de remover mi pasado...

Siguiente capítulo, Capítulo 1: Fragata Orpheon

Quina paraula m'he tret de la màniga, jeje.

Avui, descansant una mica d'estudiar he visitat vidaextra i he trobat això:



Portades de pel·lícules photoshopheades amb "estètica" de videojocs, un en deixo unes quantes: